martes, 22 de noviembre de 2011

SIN RETOQUES, SIN PENSAR

 Noche oscura,
tranquila,
sosegada
faroles tenues que visten de lunares
la estrecha calle de casas blancas.


Murmullo,
coches lejanos,
viejas bisagras
palabras de silencio, tu mirada
colonia de mayores, aroma de nenuco
olor de chimeneas,
aire,
tierra
humo.

Sabor a ciruelas,
higos,
brevas,
sabor de amargura en la tierra.


Luz cenital de un viejo farol
que alumbra la vieja silla de anea
de un hombre que ya no está
pantalones,
camisa
y debajo
su vieja camiseta.

domingo, 27 de febrero de 2011

UNA VENTANA DIFERENTE

Nunca había imaginado que un cuadro pudiera representar tanto y hacer que tantas sensaciones se agolpen, pujando por salir y quedar en nuestra memoria más reciente.

Las horas pasaban rápidas observándolo. No era solo lo que mostraba, había que mirar más allá. Ese cuadro era como un baúl donde guardamos aquello que hoy nos es antiguo pero de lo que nos resistimos a deshacernos. Es un lugar tranquilo donde reposan sentimientos, añoranzas, tiempos olvidados. Son historias tejidas de color.

Cierro los ojos y miro alrededor del cuadro con los ojos de la memoria. Veo niños corriendo, veo bromas y juegos. Siento aromas inconfundibles. Veo lugares por visitar, recuerdos reflejados en lo que no se ve de aquel cuadro pero que él solo es capaz de hacer rememorar.

Abro los ojos y miro de nuevo. Parece una ventana desde la que pudiera ver parte de mi pasado, de mi presente y seguro que de mi futuro.

Siente el aire que entra por él. Es aire fresco, sin contaminar. Es aire capaz de llenar tus pulmones, de embriagar cada uno de tus sentidos.

Espera no te oigo… ¿qué como es el cuadro? Lo siento pero ese es mi cuadro, mi ventana. Mira a tu alrededor… seguro que tú también tienes el tuyo.

domingo, 11 de enero de 2009

¿POR QUÉ?

He de reconocer que es buena la pregunta; ¿Por qué?... Miro a mi alrededor y solo veo miseria. Sombras que deambulan de un lado a otro sin saber cual es el rumbo a seguir. Basura agolpada por todos lados que apenas dejan un hueco para la salud. Ratas que comparten ecosistema con todos los olvidados. Niños sin apenas ropa que cubra su cuerpo en el frío invierno o agua que retire de ellos la suciedad que puede acabar con su vida.

Cada mañana es lo mismo, un deambular por calles y avenidas buscando la esperanza a la vuelta de cada esquina. Ojos que te miran de soslayo por miedo a saber cual es tu historia real. Puertas abiertas que se cierran a tu paso mientras ves como pasa otro día.

Mano extendida buscando la esperanza de un futuro. Un cartel como única compañía con cara de vergüenza mientras piensas en quien dejaste en la chabola. Niños vestidos con la ropa de ángeles que no quisieron olvidarlos y un colegio donde recibir lo que yo nunca tuve pero quiero para ellos.

Me preguntaste ¿por qué vinimos? ¿Por qué seguimos aquí? Porque aunque vivamos en una chabola rodeados de inmundicia, porque aunque nuestro hijos retocen en el barro y duerman viendo el cielo como techo de su habitación, porque mientras haya un sitio que les de cultura y conciencias despiertas que les cubran sus cuerpo para no pasar frío, aquí existirá la esperanza de conseguir un futuro.

Ahora ya lo sabes, pero ¿eres capaz de imaginar nuestro pasado?.

lunes, 29 de diciembre de 2008

PASA EL TIEMPO

Pues llega ya ese momento en que todo el mundo parece querer cambiar su vida. Los propósitos para el nuevo año se van agolpando; y mientras algunos se cumplirán, lo menos de ellos, otros muchos quedarán olvidados guardando polvo en un viejo cajón de la memoria donde permanecerán hasta que pasado un año algunos de ellos volvamos a desempolvarlos.

Y es que somos así. Nos gusta hacer balance, como decía mi amiga Ana en una de sus canciones, de lo buenos y lo malo. Todos los años igual. Para terminar pensando si ese año fue bueno o malo.


Mal balance, mejor no pensar como fue. Mejor no catalogarlo porque corremos el peligro de tener que arrancarlo del calendario de nuestra vida. Mejor pensar que lo vivimos. Que con sus buenos y sus malos momentos fuimos testigos de él. Que, aunque todo lo peor pudo pasarnos en un año concreto, quizás eso hizo posible tener años buenos y que no todos fueran mediocres.

Sí yo prefiero eso, tener años buenos o malos pero sin tonos grises, pero sobre todo quiero vivirlos y ser testigos de todos ellos hasta que un día el tiempo haya pasado tanto que yo no sea mas que ese granito de arena que le tocó caer hacia la parte de abajo.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

VOLVER EN CLAVE DE CUENTO (FINAL)

De vez en cuando entraba en aquella librería y visitaba su vieja alfombra. El rincón del cuenta cuentos siempre estaba igual, el tiempo parecía no pasar por aquel lugar. Los cuentos seguían allí esparcidos, todas aquellas historias que él un día imaginó.

En algunas ocasiones se agachaba y acariciaba alguno de aquellos cuentos, lo hojeaba y pensaba si algún día aquella alfombra volvería a cobrar vida. Luego salía y miraba como la puerta se cerraba tras él.

Pero pasado un tiempo se encontraba paseando por otras calles y visitando otras librerías cuando recordó su vieja alfombra. Contaba con algún tiempo libre, cosa rara, y decidió pasar a visitar la librería y ver su pequeño rinconcito. Se encaminó hacia ella teniendo la completa certeza de que todo seguiría igual.

Cuando entró miro el alejado rincón. Allí estaba su alfombra, los cuentos… como si el tiempo se hubiese detenido desde su última actuación. Miró el viejo calendario colgado en la pared, vio la luna en sus hojas y recordó sus noches pasadas escribiendo aquellos cuentos.

Sonrió y se giró para salir pero… entonces vio algo que llamó su atención. Allí, en una esquina de la alfombra, tapada por una estantería había una pequeña sentada. Hojeaba uno de sus cuentos. Se fijó en ella, era inconfundible, sus rasgos orientales la delataron. Era una de aquellas pequeñas que durante algunos sábados había compartido sus historias con él. Sus ojos rasgados miraban cada palabra salida de su tintero. Ella conocía el cuento, había ido a su representación en el último día del cuentacuentos.

De repente la niña levantó sus ojos rasgados del cuento, miró fijamente al cuentacuentos y fue hacia él. Cuando estuvo parada frente a su compañero de sábados matinales le dijo: “Hola. En mi estantería tengo un huequito para tus cuentos que no he querido ocupar. ¿Estás bien?”


Todo lo que ocurrió después da igual, lo verdaderamente importante es que en ese momento decidió volver a escribir, decidió que daba igual el tiempo que pudiera dedicarle. Se dio cuenta que las palabras no hay que buscarlas sentado frente a una hoja de papel sino que viene solas en cualquier momento arrastradas por el viento de las cosas que llenan nuestra vida. Y allí parado frente a aquella niña de ojos rasgados encontró las palabras de su siguiente historia. Una historia donde aparecería aquella niña de rasgos orientales que había hecho que aquella alfombra fría volviese a tomar vida, una historia de gratitud en forma de cuento.