Siempre he pensado lo bonito que seria ser madre. Llevar durante nueves meses el fruto de un amor dentro de ti. Sentir como crece, sentir sus latidos, sus movimientos. Que él sintiera tu cariño, tu calor, la fuerza de ese amor.
Siempre he pensado lo bonito que seria ver crecer una parte de ti. Enseñar el camino correcto sin imposiciones, pero creyendo en la disciplina no impuesta por el miedo, sino por el respeto.
Siempre he pensado lo bonito que seria caminar junto a un trocito de ti nacido de un sentimiento común. Descubrir cada día un camino juntos donde sentirnos orgullosos recíprocamente.
Siempre he pensado lo bonito que seria poder cuidar de él hasta que podamos vivir de forma independiente y llegado el momento que fuese él quien cuidase de mí.
Pero nunca, nunca había imaginado, ni tan siquiera había intentado imaginar lo que seria dar dos veces la vida, derrochar generosidad por amor a ese trocito de ti, enfrentarse a todo y a todos por dar esperanza de vida, gritar al mundo que hay cosas que pueden ser legales pero no justas.
Hoy lo descubrí en la prensa. Una niña, que con apenas 17 añitos decidió vivir deprisa y dar a luz una nueva vida, se ha enfrentado a la legalidad, ha pedido donar un trocito de si misma para que su retoño pueda seguir viviendo. Hoy ella se merece todos mis respetos porque no solo ha demostrado lo que es el amor de madre sino que además ha demostrado que no todo lo legal es justo.
El juez autoriza a una madre menor a que done parte de su hígado para salvar a su bebé. Rocío, de 17 años, podrá ayudar así a su hija Noara, de seis meses, que sufre una dolencia congénita